da EL PAIS Quotidiano catalano 24 Novembre 2003 (pag. 40)

CATALINA SERRA, Barcelona
Parece que se acerca el momento en que, sin llegar a los extremos que aventuraba la novela Dune, habrá que tomar medidas muy serias para evitar la catástrofe. El arquitecto y urbanista italiano Pietro Laureano, consultor de la Unesco y experto en zonas áridas y restauración arquitectónica y ambiental, habla de inundaciones y sequías con una calma preocupante. “Nos veremos obligados a cambiar el modelo, más por necesidad que por gusto”, afirma.
Por su parte, está convencido de que la recuperación de los sistemas de construcción tradicionales puede contribuir a paliar estos desequilibrios, porque, indica, “la arquitectura de estilo internacional, sin quererlo, ha creado monstruos”.

Pietro Laureano reivindica la construcciòn tradicional ante los desastres medioambientales

El arquitecto italiano cree que “el estilo internacional, sin quererlo, ha creado monstruos

Autor de los libros Atlante d’acqua: conoscenze tradizionali per la lotta alla desertificazione, que en febrero se publicará en España en la editorial Laia, Pietro Laureano (Tricarico, 1951)ha abierto esta semana el curso de la Escuela de Arquitectura del Valles de la Universidad Politécnica de Barcelona. Les explicó a los futuros arquitectos su batalla para conseguir la recuperación no sólo de los sistemas de construcción tradicionales, sino también del paisaje mediterráneo clásico. Lo reivindica por necesidad ecológica, no por estética. “Los métodos tradicionales tendían a equilibrar el paisaje a través de paredes de piedra seca y de combinar diferentes sembrados con zona arbolada. Esto etenía el agua y protegía el terreno. Ahora la agricultura europea funciona con productos químicos y grandes extensiones que se cultivan de forma mecanizada. Es un error, porque destruye el terreno y acaba provocando inundaciones y sequías. Las subvenciones a la agricultura de la Unión Europea, además de ser éticamente reprobables porque perjudican a los países menos desarrollados, están equivocadas.
Por ejemplo, por cada huevo que se produce en Occidente se gastan 1.000 litros de agua en todo lo que implica la producción industrial en batería. Es absurdo. Hay que subvencionar la agricultura, que ahora consume el 70% del agua potable, no en función de la productividad, sino como manera de cuidar el paisaje y de cultivar productos ecológicos de alta calidad”.
La crisis del agua -“si metemos toda el agua del mundo en una botella de cinco litros, el agua potable representa un dedal y sólo una gota es utilizable”- es uno de los problemas que más le preocupan. Su modelo de ciudad sostenible son los oasis del Sahara, que, indica, “no son fenómenos naturales, sino ecosistemas creados por el hombre. Es el hombre el que drena el desierto con un sistema que capta la humedad, el que cultiva palmeras para humidificar la zona, organiza artificialmente las dunas para proteger el oasis y recupera y aprovecha todos los desechos”. Las grandes ciudades, a las que tiende la realidad, son, a su juicio, un error. “Hay que invertir la tendencia al gigantismo metropolitano. El modelo de oasis es el de comunidad pequeña que se puede autogestionar. Habrá que descentralizar las grandes ciudades, interrumpirlas con zonas verdes que absorban el agua, crear sistemas por barrios o zonas pequeñas que sean autosuficientes en el reciclaje de basuras y la recuperación de agua, etcétera”.
Y no confía en grandes soluciones tecnológicas. “Los grandes acueductos, el gran pantano, la desalinización del agua del mar, los trasvases, todo esto son las cosas que nos han llevado al desastre. Es una cuestión estratégica. No se puede crear una ciudad pensando que el agua de la que depende está a
200 kilómetros”, afirma. Los edificios, asegura, también tendrán que cambiar. “Ahora todavía se piensa que un edificio sostenible es aquel que, por ejemplo, incorpora placas solares, y no es eso. Lo que hace falta es crear una nueva arquitectura que no necesite climatización, que esté hecha de manera que sea fresca en verano y caliente en invierno, que incorpore sistemas para recuperar el agua de lluvia en los terrados y esta agua, depositada, sirva después para el agua de los sanitarios.
Es ilógico que el agua de los sanitarios sea potable cuando cada día se mueren 250 niños por no tener acceso a ella”.
Afirma que hay numerosos ejemplos de construcción tradicional que resultan más lógicos y ecológicos -los está inventariando en estos momentos en su página web, www.laureano.it, y destaca, sobre todo, que no puede haber soluciones generales y válidas para todos. “Ha sido el gran fallo de la arquitectura internacional. Cada hombre y cada pueblo tiene que encontrar su propio modelo en función del clima, las costumbres y los materiales. A nivel ecológico, el estilo internacional ha sido un desastre para todo el planeta, porque ha hecho que se abandonaran sistemas
tradicionales que funcionaban mejor”.
De momento, afirma, los políticos no están por la labor y el sistema tiene una inercia difícil de parar. “Ahora estamos elaborando indicaciones, y poco a poco habrá leyes que obligarán a las ciudades a crear planes de emergencia para las inundaciones que se avecinan, sistemas de reciclaje, obligación de construir con materiales del lugar y de crear más zonas verdes. La industria tendrá que trabajar en una nueva tecnología más sostenible”.